Solo sobrevolar el cabo Fisterra permite acercarse un poco a la desafiante orografía de A Costa da Morte, que se entrega con altivez a la fiereza del indomable Atlántico. De sus peligros saben los navegantes que no pierden de vista los faros. De la fuerza de las olas hablan sus playas, de arena fina y blanca, que nos regalan uno de los paisajes con más hechizo de la cornisa gallega.  Se trata de una aventura senderista de 200 kilómetros que, desde Malpica a Cabo Finisterre, pretende avistar el final del mundo.

Algunos de los productos agroalimentarios autóctonos más singulares de la Isla Bonita, como sus quesos, su tomate, sus frutos secos o su carne de baifo (cabrito), protagonizan las propuestas con las que el Parador de Turismo de La Palma participa en las I Jornadas Gastronómicas del Atlántico Medio.