Quizá porque el submarinismo favorece la evasión de la rutina y el estrés acumulado en el día a día, gana adeptos año tras año. Además, es uno de los deportes acuáticos más completos. Bajo el agua, el silencio y la tranquilidad lo envuelven todo. La ausencia de sonido sólo se ve perturbada por el burbujeo del regulador y la respiración, que se vuelve lenta y profunda. Bajo el mar, todo sucede despacio. Sin el lastre de la gravedad, con cada aleteo, la sensación de paz y sosiego es única.

 

El gran río alcanza su cenit en el delta, un paraje rebosante de vida y serenidad. El Parque Natural del Delta del Ebro desprende una belleza sobrecogedora donde el tiempo parece haberse detenido.

El Ebro extiende sus dominios entre los humedales que reflejan como espejos el vuelo de las aves. El caudal del río es inmenso. Henchido de agua, serpentea tejiendo un hermoso manto verde que logra su perfección en el delta donde confecciona uno de los parajes más hermosos del Mediterráneo.

 

Si hay una época del año en la que apetece darse un chapuzón es sin duda en verano. Aunque las playas suelen ser la elección por excelencia, cada vez hay más gente que prefiere otros lugares para bañarse, relajarse y tomar el sol sin la más que previsible masificación habitual de las zonas costeras. Entre valles y montañas, a la orilla del río o en parajes recónditos existen auténticos paraísos para refrescarse: las playas fluviales.