Verde y azul, calor y frescor, mar y montaña. El norte peninsular es contraste y sorpresa. Os prometemos una ruta por las ciudades, el mar, el interior y hasta las mismísimas entrañas de la tierra. Un soplo de aire fresco en un espacio absolutamente espectacular.

Son el corazón de la naturaleza. Espacios protegidos donde se conserva el alma de la vida natural. Hombres, animales y plantas en busca del equilibrio perfecto, de la armonía total. Se extiende la primavera sobre parajes excepcionales, por paisajes únicos, tiñe de mil colores la profundidad del bosque, refleja el solsticio en las aguas cristalinas de lagos y cascadas.
El Parador de El Saler exhibe un recorrido de dos kilómetros adaptado a personas con movilidad reducida donde se explica la biodiversidad de fauna y flora que habita alrededor de su campo de golf. La Natursenda, está completamente adaptada a personas con movilidad reducida, con paneles informativos que incluyen pictogramas para ayudar a su comprensión de forma sencilla.

En el centro de la provincia de Málaga y delimitado por las serranías de Ronda y Antequera, se haya el Desfiladero de los Gigantes. Salpicado por una veintena de cavidades, el cañón tiene una impresionante profundidad de más de 300 metros tallada por el paso inexorable del río Guadalhorce. En este suntuoso enclave se encuentra el Caminito del Rey. Una vertiginosa senda aérea de apenas un metro de anchura, construida en las paredes del desfiladero.
Su terraza es un mirador privilegiado para contemplar los magníficos atardeceres de la isla que dejan colores y estampas únicas.
La mezcla de influencias y sabores, las infinitas especias, las almendras y frutas tropicales, junto a las carnes y los quesos desparraman un exótico universo gastronómico.
Apenas dos décadas. Es el tiempo de vida que le queda a las impactantes estructuras de hielo que conforman los últimos glaciares en España. Un fenómeno que avanza a escala global. La inmensa mayoría se derrite a un ritmo sin precedentes. El cambio climático muestra aquí una evidencia letal.
Los austeros paisajes castellanos siempre acompañaron a Antonio Machado. El poeta descubrió en Soria una naturaleza pura, acompasada por el fértil devenir del río Duero y la belleza plomiza de los peñascos. El libro Campos de Castilla, publicado en 1912, desgrana el encanto de las cosas humildes componiendo algunos de los versos más conmovedores de la poesía universal. En esta pequeña capital conoció a Leonor, el gran amor de su vida y, en su memoria, atesoró la estancia castellana como el tiempo más feliz de su existencia.
Las peripecias de los contrabandistas de antaño son un clásico del imaginario colectivo de pueblos y ciudades fronterizos que, durante siglos, han visto como muchos de sus paisanos se acogían a este modus vivendi como vía de subsistencia. La comarca catalana del Alt Urgell y, concretamente, las villas más cercanas a Andorra, no fueron una excepción.
Ahora las panorámicas que ofrecen estos lugares parecen sacadas de una postal.