El pasado fin de semana se completó en Parador de Villafranca del Bierzo la cuarta y última etapa de la "Ruta Xacobea del Bonito de Burela", una acción que a partir de este jueves deja paso en el Parador de Granada a la "Ruta Xacobea de la Merluza del Pincho de Burela".

Verde y azul, calor y frescor, mar y montaña. El norte peninsular es contraste y sorpresa. Os prometemos una ruta por las ciudades, el mar, el interior y hasta las mismísimas entrañas de la tierra. Un soplo de aire fresco en un espacio absolutamente espectacular.

Es un tótem local, un pez sagrado. En Cádiz, el atún rojo es capturado cada año usando una técnica ancestral, la almadraba. Y el resultado está a la altura del ritual. Es un producto apreciado en todo el mundo por sus sabores y su textura.
Una fiel restauración creó un espacio mágico en el que conviven la estética de los monasterios españoles y las piezas de diseño más contemporáneas. Un convento, una iglesia convertida en restaurante, un espectacular casco histórico, ... Estamos en el Parador de Lleida.

Su terraza es un mirador privilegiado para contemplar los magníficos atardeceres de la isla que dejan colores y estampas únicas.
La mezcla de influencias y sabores, las infinitas especias, las almendras y frutas tropicales, junto a las carnes y los quesos desparraman un exótico universo gastronómico.
Cuando una tierra hace tan suyo el fruto de la vid, ese vino lleva en su alma la marca indeleble del paisaje y de sus gentes. No hay otra. Ese es el caso de Aranda que, en el corazón de una denominación de origen tan elogiada como Ribera del Duero, luce durante 2020 el cetro de la Ciudad Europea del Vino (*). Y eso bien merece un brindis.

El Albaicín es el epicentro de la vida de Granada. Sus calles dieron origen a la ciudad y sus paredes guardan el rumor de las voces nazaríes que vieron la historia de España grabada en sus piedras.

Estrechas calles del Albaicín.
Los austeros paisajes castellanos siempre acompañaron a Antonio Machado. El poeta descubrió en Soria una naturaleza pura, acompasada por el fértil devenir del río Duero y la belleza plomiza de los peñascos. El libro Campos de Castilla, publicado en 1912, desgrana el encanto de las cosas humildes componiendo algunos de los versos más conmovedores de la poesía universal. En esta pequeña capital conoció a Leonor, el gran amor de su vida y, en su memoria, atesoró la estancia castellana como el tiempo más feliz de su existencia.