Aunque la piedra permanece, sus usos mudan, se transforman bajo la mano de quien la toma. De piedra son los castillos que se alzaron para proteger los campos a sus pies con su mirada aguileña y que poblaron la península de norte a sur; de piedra también fueron los palacios y casonas nobles que surgen en los rincones de las ciudades, y de piedra se construyeron los templos y catedrales que elevan sus torres hacia el cielo. La piedra guarda la esencia de lo antiguo, pero se presta a mezclarse con el presente para dar lugar a espacios únicos.
En Extremadura, los Paradores de Cáceres y de Trujillo son claros ejemplos, especialmente tras las renovaciones que lucen ambos establecimientos.
La ciudad monumental

El Parador de Cáceres, parte del conjunto monumental que hizo que la ciudad fuera nombrada Patrimonio de la Humanidad, reabre sus puertas tras varios meses de trabajo. Las obras, iniciadas en enero de 2025, han servido para mejorar la accesibilidad y el confort del edificio. Las actuaciones van desde la instalación de una nueva puerta automática en la entrada principal hasta las obras llevadas a cabo por Turespaña, que ha limpiado las fachadas y ha intervenido en los aljibes de los cuatro patios del Parador –tres de ellos cubiertos– para preservar la estructura pétrea del edificio.

Además, se ha restaurado y puesto en valor los espacios sin uso de la torre, del siglo XVI, para permitir el acceso al público, que en un futuro podrá asomarse a este nuevo mirador sobre una ciudad de torres y palacios renacentistas que guarda el embrujo de la historia en su interior. Su casco histórico se despliega en un laberinto de calles empedradas que conducen a palacios como el de las Veletas o el de los Golfines de Abajo; iglesias como la de San Francisco Javier, con sus torres encaladas, o rincones como la plaza de San Jorge.

RESERVA EN EL PARADOR DE CÁCERES
Cuna de conquistadores

En Trujillo, la piedra vuelve a ser protagonista. El Parador, levantado sobre el antiguo convento de Santa Clara –construcción del siglo XVI en la que destaca el claustro, con arcos renacentistas, y la iglesia, hoy convertida en el comedor– permanece abierto mientras se acometen obras que combinan accesibilidad, conservación y puesta en valor patrimonial. Con una inversión global de 2,2 millones de euros, el edificio ha renovado zonas clave, como la recepción o las habitaciones. Asimismo, Turespaña ha llevado a cabo diversas actuaciones de conservación, que incluyen la limpieza y restauración de las fachadas y de la espadaña, la recuperación de apertura en calleja de San Gregorio, la rehabilitación del coro alto para futuro acceso público y la iluminación monumental del conjunto.

Así, ambos Paradores se convierten en testigos del inicio de una nueva etapa y demuestran que la piedra, tratada con mimo, no solo conserva la memoria, sino que acoge al viajero bajo la calidez de su manto, invitándolo a formar parte de su futuro.
