5 destinos para viajar en septiembre y alargar el verano en España

Agosto ha terminado, pero el verano no desaparece de un día para otro. En septiembre, el Mediterráneo sigue brindando atardeceres mágicos, el Atlántico sigue marcando el carácter de ciudades y costas y las montañas se convierten en escenario de rutas, excursiones y nuevos paisajes.

Valeria Castro y Carminho despiden Caprichos Musicales en el Parador de Mazagón

El próximo 26 de septiembre, el Parador de Mazagón acogerá el concierto que pondrá el broche de oro a una nueva edición de Caprichos Musicales, el ciclo que convierte algunos de los enclaves más extraordinarios de Paradores en escenarios donde la música, la gastronomía y el patrimonio dialogan de una forma única.

El verano suele provocar mirar hacia el horizonte. A buscar calas de aguas transparentes, largos paseos junto al mar o terrazas desde las que despedir el día. Pero hay viajes que añaden un atractivo inesperado a esa postal, la posibilidad de descubrir grandes obras de arte sin necesidad de entrar en un museo.

Hay edificios que conservan siglos de historia entre sus muros. Lugares que fueron escenario de coronaciones, peregrinaciones, decisiones políticas o grandes acontecimientos y que, lejos de convertirse en espacios congelados en el tiempo, siguen abiertos al viajero con una nueva vida. Dormir en ellos es una forma distinta de acercarse al patrimonio, no como quien recorre unas salas durante una visita guiada, sino como quien tiene la oportunidad de habitar, aunque solo sea por una noche, una parte de la historia de España.

Mucho antes de convertirse en una ruta para senderistas y cicloturistas, la Vía de la Plata ya era una de las grandes vías de comunicación de la península.

Su origen se remonta a la época romana, cuando la calzada conectaba importantes núcleos urbanos del oeste peninsular. Siglos después, el trazado continúa siendo una referencia para quienes buscan recorrer el territorio a través de la historia, el patrimonio y el paisaje.

Durante años, el imaginario del verano ha estado ligado casi en exclusiva a la playa, al calor sin refugio y al horizonte plano del Mediterráneo o el Atlántico. Pero existe otra forma de vivir esta estación de manera más fresca, más silenciosa, más elevada. Un verano donde el paisaje no se extiende en horizontal, sino en vertical.

El mejor espectáculo del día no necesita escenario ni entrada. Ocurre cada tarde, dura apenas unos minutos y nunca se repite exactamente igual. Basta con encontrar el lugar adecuado para descubrir cómo la última luz transforma por completo un paisaje. Castillos medievales, ciudades históricas, playas abiertas al Atlántico o montañas que parecen tocar el cielo revelan entonces una belleza distinta, más serena y casi efímera.

En pleno corazón de la Ribeira Sacra y rodeado por bosques de robles y castaños, llegamos al Parador de Santo Estevo, un antiguo monasterio benedictino que conserva intacta la capacidad de invocar al más absoluto silencio. Entre sus claustros de piedra, donde durante siglos convivieron la oración, el estudio y la contemplación, aparecen las estancias que guardan más de una historia. Y ninguna la cuenta mejor que la habitación 210, conocida como la habitación Abad Franquila.

Si hay una bebida que representa el verano en España, esa es, sin duda, la sangría. Refrescante, afrutada y muy fácil de preparar, se ha convertido en uno de los grandes símbolos de la gastronomía española dentro y fuera de nuestras fronteras.