Piscina, playa, naturaleza, buena gastronomía y destinos llenos de planes. Si eso es lo que le pides al verano, estos Paradores tienen mucho que decir.

Porque el verano también va de pegarte un buen desayuno, de darse un chapuzón después de visitar el destino, de descubrir paisajes sorprendentes a pocos kilómetros o de sentarse a la mesa para probar la cocina más auténtica del lugar.

En Paradores creemos que algunos lugares tienen la capacidad de emocionar por sí solos, y también sabemos que hay artistas capaces de transformar una noche en un recuerdo imborrable, pero cuando ambas cosas se unen, nace algo extraordinario. Esa es la esencia de Caprichos Musicales, una propuesta que convierte algunos de los enclaves más singulares de nuestra red en escenarios donde la música, la gastronomía, el patrimonio y la hospitalidad conviven de una forma única.

La Red de Caminos Naturales suma más de 11.000 kilómetros repartidos por todo el país atravesando cañones excavados por grandes ríos, olivares, bosques milenarios, llanuras agrícolas, montañas volcánicas y pequeñas localidades donde el ritmo sigue marcado por las estaciones. Además, muchos de esos recorridos pasan junto a algunos de los Paradores más emblemáticos de España.

No hace falta cruzar medio mundo para dar la bienvenida al verano desde auténticos paraísos. Entre ciudades monumentales, monasterios escondidos, bosques infinitos y paisajes junto al agua, estos cinco rincones de España demuestran que existen destinos increíbles mucho más cerca de lo que imaginamos.

 

El paraíso del verano más fresco

 

En el Parador de Sigüenza aterriza el segundo concierto de este increíble ciclo de Caprichos musicales, donde la artista Sílvia Pérez Cruz ofrecerá una experiencia que nada se parece a un festival, ni a una gira multitudinaria, ni a un concierto al uso. Es algo más íntimo, más difícil de repetir.

Dicen de Santillana del Mar que es el pueblo de las tres mentiras porque ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. Pero basta detenerse un instante para descubrir que el tópico tiene sus matices. La villa está ligada a Santa Juliana, el terreno no es completamente llano, aunque las pendientes son suaves, y el municipio sí alcanza el Cantábrico a través de Ubiarco o la playa de Santa Justa.

Parece que, ahora sí, el buen tiempo ha decidido quedarse, y con él llegan esas ganas inevitables de piscina. Un chapuzón después de una mañana de turismo, una sobremesa eterna junto a la piscina, niños enlazando baño tras baño hasta tarde o simplemente la sensación de que el verano está cerca. Porque hay estaciones que empiezan oficialmente en el calendario y otras que comienzan en el momento exacto en el que sacamos las gafas de sol y buscamos una tumbona.

El Parador de Olite-Erriberri vuelve a abrir sus puertas tras meses cerrado y lo hace reivindicando aquello que siempre lo convirtió en un lugar único como es la sensación de dormir dentro de un auténtico palacio medieval. Pero esta vez hay algo diferente. La reapertura no busca recrear un pasado de postal, sino reinterpretarlo con una mirada contemporánea, artística y mucho más sensorial.

Los Paradores ocupan lugares privilegiados. Castillos que vigilan horizontes desde hace siglos, conventos convertidos en refugios silenciosos, palacios renacentistas, fortalezas junto al mar o edificios contemporáneos integrados en paisajes imposibles. De ellos solemos hablar por su historia, por su arquitectura, por la riqueza gastronómica que ofrecen o por los entornos naturales y monumentales que los rodean. Y, sin embargo, hay un espacio esencial de la experiencia que muchas veces queda en un discreto segundo plano como son las habitaciones.

Para los peques es pura aventura, para los adultos, una pausa inesperada para mirar (de verdad) lo que normalmente pasa desapercibido.

En un país como España, donde el paisaje cambia cada pocos kilómetros, estos viajes en el aire se convierten en pequeñas experiencias que mezclan emoción, vértigo suave y sorpresa. Montañas que se abren paso bajo tus pies, ciudades que se encogen poco a poco, el mar asomando en el horizonte…