Entre catedrales, palacios y plazas: el otoño más auténtico en Paradores
05 de Noviembre 2025

El otoño tiñe de oro las piedras y de calma los caminos. Es tiempo de viajar, de dejarse llevar y descubrir rincones. Entre catedrales que guardan milagros, como la Catedral de Santo Domingo de la Calzada; en palacios que respiran nobleza, como los de Argomaniz o Zafra; o en plazas donde late la vida de los pueblos, como la Plaza de San Marcos de León.

Este otoño, Paradores te invita a habitar el patrimonio, a dormir entre muros centenarios y a sentir la historia desde dentro. Elige tu destino.

 

Entre Catedrales

 

La Catedral de Santiago de Compostela y su guardián eterno

En el corazón de Galicia, la Catedral de Santiago de Compostela se alza como destino final de uno de los caminos más universales de la fe. Desde hace siglos, su majestuosa fachada barroca domina la Plaza del Obradoiro, donde el eco de las gaitas se mezcla con el murmullo de los peregrinos que, emocionados, culminan su viaje.

Justo allí, como un guardián de piedra que ha visto pasar generaciones, se encuentra el Parador de Santiago de Compostela, conocido como el Hostal dos Reis Católicos. Fundado por los Reyes Católicos como hospital real para dar cobijo a los caminantes, este edificio del siglo XV está considerado el hotel más antiguo de España.

Bajo su fachada plateresca laten siglos de hospitalidad. Sus cuatro claustros, sus salones adornados con obras de la Escuela de Madrid, de artistas como Martínez Novillo o Menchu Gal, y sus habitaciones de noble encanto convierten la estancia en una experiencia única.

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La leyenda de Santo Domingo y su milagrosa catedral

A orillas del río Oja, la villa riojana de Santo Domingo de la Calzada guarda una de las leyendas más fascinantes del Camino de Santiago. Su catedral, de estilo protogótico, fue levantada sobre un antiguo bosque de encinas por un ermitaño llamado Domingo, que dedicó su vida a ayudar a los peregrinos a cruzar la Sierra de la Demanda.

El templo conserva un retablo renacentista de Damián Forment y un curioso gallinero con un gallo y una gallina vivos, símbolo del milagro del peregrino injustamente ahorcado. Esta mezcla de fe, arte y mito hace de la catedral uno de los lugares más singulares de La Rioja.

Frente a ella, el antiguo Hospital de Peregrinos, fundado por el propio santo en el siglo XII, y que hoy acoge el Parador de Santo Domingo de la Calzada. Su arquitectura conserva el espíritu regio y elegante de antaño: arcos góticos, artesonados de madera y amplios salones que respiran historia.

Es un refugio cálido para quienes buscan vivir el Camino, pero también para quienes desean disfrutar del encanto rural riojano, entre viñedos y montañas.

RESERVA EN EL PARADOR DE SANTO DOMINGO DE LA CALZADA

 

En Palacios

 

El alma serena de un palacio renacentista

Sobre una colina que domina la llanura alavesa se levanta el Palacio de los Larrea, un edificio que fue convento, residencia nobiliaria y cuartel general de las tropas napoleónicas. Su fachada renacentista, sobria y elegante, cuenta una historia de poder y sosiego: la de una familia ilustre y la de una tierra marcada por el paso de civilizaciones.

Hoy, ese palacio es el Parador de Argomaniz, un espacio donde reina la calma. Desde el Mirador Garayo, las vistas se extienden hasta los campos de la Llanada Alavesa, un mar de tonos ocres y dorados en otoño.

En el restaurante Aletegui, situado en el antiguo granero del palacio, la gastronomía vasca se convierte en arte: bacalao Club Ranero, rabo de toro o pastel de setas silvestres sobre salsa de hongos.

Entre sus muros nobles y el paisaje que lo rodea, Argomaniz ofrece una experiencia de quietud y belleza que solo un palacio con siglos de historia puede regalar.

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Fortaleza, palacio y testigo de conquistadores

En el corazón de Extremadura, la fortaleza-palacio de los Duques de Feria domina el casco histórico de Zafra. Nueve torres y altos muros recuerdan su pasado defensivo, mientras los artesonados gótico-mudéjares dorados y policromados hablan del esplendor de una nobleza que marcó el destino de estas tierras.

Por sus estancias pasó Hernán Cortés antes de embarcarse hacia América, y siglos antes, Alfonso IX la había reconquistado a los musulmanes. Cada piedra guarda una historia de poder, conquista y belleza.

Hoy, ese edificio monumental alberga el Parador de Zafra, donde los ecos del pasado se mezclan con la elegancia actual. Desde aquí, se puede recorrer el casco histórico, descubrir la Plaza Grande y Chica, o aventurarse por las sierras de Hornachos y Aracena.

En su restaurante, la cocina de la dehesa: migas del pastor, caldereta de cordero o solomillo ibérico con Torta de Barros, rinden homenaje a la esencia extremeña más auténtica.

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En Plazas

 

Arcos de la Frontera y su balcón sobre el Guadalete

La Plaza del Cabildo, corazón de Arcos de la Frontera, es uno de los conjuntos más bellos de Andalucía. En ella se reúnen los edificios más importantes de la villa: la basílica de Santa María con su torre barroca, el castillo, el Ayuntamiento viejo y el mirador de la Peña Nueva, desde donde se domina el tajo del río Guadalete.

Allí mismo se levanta el Parador de Arcos de la Frontera, antigua Casa del Corregidor y hoy símbolo del alma andaluza. Su patio interior, con enrejados y azulejería tradicional, evoca la serenidad de las casas del sur. Desde sus terrazas, las vistas sobre la sierra de Grazalema son pura poesía.

Arcos, puerta de entrada a la Ruta de los Pueblos Blancos, es un lugar para perderse entre calles encaladas, aromas de azahar y balcones floridos. Cada rincón es una postal viva del sur más luminoso.

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La Plaza de San Marcos, emblema de León

En León, la Plaza de San Marcos se alza como uno de los conjuntos más imponentes del Renacimiento español. Fue sede de la poderosa Orden de Santiago y punto neurálgico del Camino, donde convergen las rutas del Francés y del Salvador. En su centro, un crucero con un peregrino rinde homenaje a los caminantes que, desde hace siglos, cruzan esta tierra en busca de Santiago.

Presidiendo la plaza se encuentra el Hostal de San Marcos, actual Parador de León. Su fachada plateresca, su claustro y su imponente escalinata lo convierten en un museo vivo. En su interior conviven la historia y la modernidad: esculturas de Juan de Juni, el coro del siglo XVI y obras contemporáneas de Chillida, Zóbel o Vela Zanetti.

Tomar un café en su terraza o contemplar los artesonados mudéjares del Salón Capitular es viajar por siglos de arte e historia sin moverse del sitio.

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