Siete escapadas por España que deberías hacer, al menos, una vez en la vida
29 de Octubre 2025

Seguro que cada fin de semana sientes ese impulso: salir, respirar aire nuevo, descubrir algo distinto. Pero a veces lo difícil no es querer escapar, sino saber dónde. Por eso hemos preparado una selección de siete destinos españoles que, si aún no has visitado, ha llegado el momento de hacerlo. Son lugares con encanto, perfectos para recorrer, saborear su gastronomía y dejarse envolver por su paisaje. Y como estamos en otoño, todo luce de diferente color y sabe mejor. No pierdas la oportunidad de descubrir el placer de viajar cerca.

 

Escapada de naturaleza, historia y sabor entre montañas doradas

 

Si lo que buscas es una escapada donde la naturaleza te envuelva, la historia te hable y la gastronomía te reconforte, Cangas de Onís es ese lugar. En pleno corazón de Asturias, el otoño transforma su entorno en un espectáculo de colores y olores. Las montañas que rodean los Lagos de Covadonga y el Parque Nacional de los Picos de Europa se tiñen de ocres, rojizos y dorados.

El famoso puente romano, símbolo de la villa, marca el inicio de un viaje donde cada paso tiene algo de historia y cada bocado, sabor a tierra. El clima fresco y la menor afluencia de visitantes hacen que caminar hacia los lagos o la Basílica de Covadonga sea un auténtico placer.

Cangas de Onís en otoño es una escapada serena, auténtica y profundamente asturiana ideal para escapadas con amigos, en pareja o familia. En el Parador de Cangas de Onís podrás disfrutar de una experiencia completa donde la naturaleza viva, la cultura y la cocina se vive en cada esquina. Porque allí una buena fabada y sidra recién escanciada sabe mejor.

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Para los más aventureros, en el mayor pulmón verde de España

 

Si buscas perderte en un mar de árboles y respirar aire puro, Cazorla te espera con los brazos abiertos. Es uno de esos lugares donde esta estación se siente en cada hoja, en cada sendero y en cada plato.

En otoño, la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas despliega su mejor versión, un tapiz de encinas, pinos y robles que cambian de color con una elegancia que solo la naturaleza entiende.

Si estáis buscando una aventura, noviembre es el mes perfecto para recorrer sus rutas más icónicas, como la del río Borosa, donde el sonido del agua y el crujido de las hojas acompañan cada paso. El casco histórico de Cazorla, coronado por el castillo de la Yedra, que invita a pasear entre callejuelas empedradas y fachadas encaladas que aún guardan el alma andaluza.

Y cuando el cuerpo pide pausa, la cocina local responde. Carnes de caza, aceite de oliva virgen extra y productos de la sierra que convierten cada comida en una celebración sencilla y honesta.

Y es aquí cuando el descanso también forma parte importantísima del viaje, y es que el Parador de Cazorla, situado en el corazón del mayor espacio natural protegido de España, es el punto de salida perfecto para realizar rutas senderistas y conocer el nacimiento del río Guadalquivir. Aquí podrás disfrutar de lo mejor de la gastronomía regional andaluza, del paisaje y del confort en cada una de sus estancias.

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Para los que buscan el destino más auténtico

 

Si te atraen los pueblos con historia y los paisajes de postal, Hervás es una joya escondida.

Enclavado en el Valle del Ambroz, este pequeño pueblo extremeño mezcla historia, tradición y naturaleza de una forma que atrapa desde el primer paseo. Su barrio judío, uno de los mejores conservados de España, es un laberinto de callejuelas estrechas, casas entramadas y rincones detenidos en el tiempo.

En noviembre, los castaños que rodean el valle tiñen el paisaje de dorados y marrones, envolviendo cada ruta de senderismo en una atmósfera mágica. Además, en esta época, da comienzo la Fiesta del Otoño Mágico en el Valle de Ambroz, una celebración que llena la zona de vida, con actividades culturales, mercados, música, rutas guiadas y una gastronomía local que reconforta.

Si no conoces este municipio extremeño te estarás perdiendo una escapada ideal para quienes buscan autenticidad, paisajes con alma y pueblos que todavía conservan su esencia.

Te recomendamos hacer una parada y descansar en el Parador de Plasencia, a pocos kilómetros de Hervás. Ubicado en un antiguo convento del siglo XV, este imponente edificio de muros de piedra, techos abovedados y artesonados majestuosos te hará sentir como si hubieras cruzado un umbral hacia otra época. Su cuidada decoración respeta la esencia del pasado sin renunciar al confort actual.

Y cuando cae la noche, el plan perfecto te espera bajo tierra. Su bar, instalado en la antigua bodega del convento, ofrece un ambiente íntimo y exclusivo, ideal para relajarte y cerrar el día. Hospedarte aquí es como añadir un capítulo extra a esta escapada.

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Espiritualidad y emoción te esperan en esta escapada

 

Seguimos en la provincia de Cáceres, pero cambiamos de valle para adentrarnos en uno de los pueblos más especiales de Extremadura: Guadalupe. Este rincón, enclavado entre montañas es uno de esos lugares que sorprenden por su belleza y emocionan por su historia.

Allí encontrarás paredes de piedra, callejuelas empedradas, cacharros de cobre y muchos platos de cerámica que componen la esencia de este pueblo que, además de figurar en la lista de los más bonitos de España, es Patrimonio de la Humanidad desde 1993 por el Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe.

Si eliges visitarlo en esta época, los paisajes del Geoparque Villuercas Ibores Jara que rodean el monasterio se transforman en un espectáculo de ocres y dorados, regalando rutas de senderismo llenas de luz suave y aire limpio.

Guadalupe es una escapada que lo tiene todo… arte, espiritualidad, tradición, paisajes y hasta un Parador que convierte la escapada en una experiencia aún más especial.

El Parador de Guadalupe ocupa un conjunto histórico de gran valor patrimonial, el antiguo Hospital de San Juan Bautista (siglo XIV) y el Colegio de Infantes (siglo XV), ambos vinculados al monasterio y símbolo de dos pilares del saber medieval: la ciencia y el humanismo. Convertidos en Parador en 1965, hoy ofrecen un espacio acogedor donde la arquitectura mudéjar, las arquerías, los jardines y la vegetación crean un ambiente de calma y sosiego.

Gracias a una cuidada restauración, el legado andalusí se aprecia en cada detalle convirtiéndolo en un lugar perfecto para descansar, desconectar y completar esta escapada que se encuentra a tan solo dos horas de Madrid.

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Un destino que nunca decepciona

 

Hay ciudades que siempre están en la lista de destinos pendientes, y otras a las que siempre apetece volver. Granada es de las dos. Con el ambiente otoñal todo se disfruta mejor: las tapas, los paseos, las vistas. Es el plan perfecto para urbanitas con alma viajera.

El Albaicín se recorre sin prisa, el Mirador de San Nicolás regala una de las vistas más inolvidables de España, con la Alhambra al frente y Sierra Nevada al fondo, y cada bar es una excusa para tapear y brindar. Todo sabe mejor, y todo se disfruta más.

Y hablando de vistas únicas, el Parador de Granada es una parada imprescindible en esta escapada. Ubicado en pleno corazón de la Alhambra, es el lugar perfecto para prolongar la magia de la ciudad incluso después de caer el sol.

Este Parador ocupa el antiguo palacio nazarí de los Infantes que los Reyes Católicos transformaron en convento tras la conquista de Granada. Aquí mismo se instalaron sus primeras sepulturas y aún se conservan joyas arquitectónicas como la qubba, mirador al Generalife con cúpula de mocárabes, el claustro, antiguamente patio nazarí y los baños árabes del palacio, descubiertos a mediados del siglo XX.

Como ves, una pausa obligatoria para seguir disfrutando de la experiencia única que ofrece esta ciudad.

Y si el frío llegara a tiempo, aún puedes añadir un toque de aventura. Las primeras nieves en Sierra Nevada pueden sorprenderte con el inicio de la temporada de esquí. Granada tiene ese don de mezclar cultura, sabor, paisajes y vida en una sola escapada.

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Un destino que nunca decepciona

 

Si te apetece dejar la península atrás para viajar a otro mundo, te proponemos este plan. Porque si lo tuyo es la naturaleza en estado puro, el Parque Nacional de Garajonay, en La Gomera, te va a fascinar. Aquí no hay castaños ni robles dorados, pero sí un bosque ancestral tan silencioso y verde que parece habitado por seres mágicos.

Si las hadas existieran, vivirían en entornos de fantasía como este bosque de laurisilva que se oculta en el interior de la isla canaria. Caminar por Garajonay en otoño es como entrar en un cuento. Hay 18 rutas señalizadas para recorrer a pie, y cada una te lleva por senderos donde la niebla acaricia las copas de los árboles y las raíces afloran como esculturas vivas.

Es el destino perfecto para quienes buscan silencio, naturaleza en estado puro y una desconexión real. Y en ese sentido, este bosque es una de las escapadas más extraordinarias que puedes hacer por España.

Alojarte en el Parador de La Gomera te permitirá hacer de esta escapada, si cabe, más especial. Situado al borde del océano, regala unas vistas espectaculares de la isla de Tenerife y el Teide.

Este Parador ocupa un edificio de arquitectura tradicional canaria, con reminiscencias de la época colombina. Está situado en San Sebastián de La Gomera, capital y puerto de entrada a la isla, y no se trata de un lugar cualquiera ya que fue la última escala de Cristóbal Colon antes de su viaje hacia el descubrimiento de América.

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Una ciudad obligatoria en cualquier lista

 

Y para cerrar esta ruta de escapadas, volvemos a la península, a solo media hora en AVE desde Madrid, donde Toledo se alza como un libro abierto de historia, arte y leyenda. Ciudad de las tres culturas, cada rincón es una lección viva entre murallas, miradores y callejuelas.

Durante el otoño, la ciudad se transforma. La luz dorada resalta los tonos ocres de sus fachadas, las temperaturas se vuelven amables y callejear por sus empinadas cuestas es un placer. Desde la Catedral hasta las sinagogas del barrio judío, pasando por los miradores del Tajo, Toledo se disfruta mejor cuando el ritmo baja y el ambiente se vuelve más sereno.

Otro de los lugares imprescindibles en esta escapada, tanto para descansar como para disfrutar de una de las mejores vistas es el Parador de Toledo. Ubicado en un edificio de inspiración mudéjar, ofrece una panorámica inigualable de la ciudad, visible desde la terraza, los salones y muchas de sus habitaciones.

El ambiente cálido y sereno lo convierte en el lugar perfecto para relajarse tras un día de turismo. Y si quieres cerrar la jornada con broche de oro, nada como saborear la cocina manchega en su terraza, mientras contemplas el perfil dorado de Toledo al atardecer.

Es una escapada perfecta para un día, un fin de semana o una visita improvisada. Pero, sobre todo, es uno de esos destinos que hay que conocer al menos una vez en la vida.

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