Con el calor abriéndose paso, llega el momento ideal para escapar a la naturaleza. El inicio del verano, que comenzó el pasado 21 de junio, invita a sumergirse en paisajes que desbordan vida, color y frescura. Desde rincones de alta montaña hasta oasis escondidos entre rocas, te presentamos seis destinos espectaculares en España para arrancar esta nueva estación.
Pirineo en estado puro
En el noroeste de Aragón, entre montañas que susurran historias de pastoreo y tradiciones arraigadas, el Valle de Hecho nos invita a descubrir su esencia más pura. Este rincón del Pirineo, situado en el corazón del Parque Natural de los Valles Occidentales, se mantiene como un tesoro menos explorado, pero lleno de encanto, un paraíso para amantes del senderismo, la bici de montaña y la escalada.

Sus senderos atraviesan bosques exuberantes, cascadas escondidas y pueblos con alma, como Urdués o Gabardito, donde el ritmo de vida sigue ligado a la naturaleza. La Selva de Oza, con sus hayedos centenarios y barrancos, es un espectáculo que cautiva en cualquier época del año, y el ascenso al Ibón de Acherito nos ofrece unas vistas memorables.

A poca distancia, la historia cobra protagonismo, un lugar donde descansar, pero donde seguir disfrutando de un ambiente encantador y relajado. Una villa medieval que conserva el espíritu de su pasado en cada calle empedrada y cada rincón amurallado. Nos referimos al Parador de Sos del Rey Católico, un lugar que se integra en el paisaje, respetando la arquitectura tradicional y ofreciendo un refugio con vistas privilegiadas. Desde sus estancias, se contempla un entorno donde seguir disfrutando de la naturaleza, demostrando que el verano también puede ser una aventura entre montañas.

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El alma salvaje de Galicia
El inicio del verano marca el comienzo de las vacaciones para muchos, pero no todos buscan escapadas de playa y piscina. Para quienes prefieren rutas menos transitadas y experiencias fuera de lo común, las Montañas de O Courel ofrecen un refugio donde la naturaleza se impone con su frescura. Este rincón gallego, alejado de las multitudes, despliega un tapiz de valles glaciares, castros ancestrales y bosques de robles y encinas que envuelven aldeas de pizarra, creando un paisaje que parece anclado a otro tiempo.

Aquí, los senderos llevan a parajes ocultos como las pozas de Rugando o la Poza das Mulas, oasis naturales donde el agua cristalina invita a sumergirse en plena conexión con el entorno. Este geoparque gallego es mucho más que un espectáculo visual: es una cápsula del tiempo que resguarda millones de años de historia en su paisaje apenas alterado.

Para completar la experiencia, te recomendamos que te alojes en el Parador de Monforte de Lemos. Un antiguo monasterio transformado en refugio para viajeros que buscan algo más que un destino. Desde sus muros barrocos, las vistas panorámicas sobre la comarca gallega ofrecen el cierre perfecto a un viaje que celebra esta estación de manera diferente.

RESERVA EN EL PARADOR DE MONFORTE DE LEMOS
Espectáculo volcánico
Cada año, entre finales de primavera e inicios de verano, el Parque Nacional del Teide se convierte en un espectáculo natural difícil de encontrar en otro lugar. Es la época en la que el tajinaste rojo cubre el paisaje volcánico con su intensa floración, tiñendo de rojo las laderas y formando un contraste impresionante con el terreno árido y agreste de Tenerife. Esta planta endémica, que alcanza hasta tres metros de altura y florece una única vez antes de desaparecer, transforma el entorno en una escena vibrante que para nada parece real.

Admirarla sin dañarla es parte del compromiso con este frágil entorno. Existen rutas guiadas que permiten conocerla de cerca, aprendiendo sobre su importancia y el cuidado necesario para preservar su belleza efímera. Es una experiencia única, casi mágica, que solo Tenerife puede ofrecer.

Y para poder disfrutar de esta maravilla en su máximo esplendor, el Parador de Las Cañadas del Teide es el punto perfecto para sumergirse en la inmensidad de este parque nacional. Ubicado a más de 2.000 metros de altitud y rodeado por la imponente silueta del volcán, este refugio de montaña ofrece una estancia donde el paisaje sigue siendo el auténtico protagonista. Desde sus ventanales y terrazas, la vista del Teide domina el horizonte, y al caer la noche, un cielo limpio y estrellado convierte la experiencia en algo inolvidable.

RESERVA EN EL PARADOR DE LAS CAÑADAS DEL TEIDE
Fantasía natural en Granada
Granada es mucho más que la Alhambra. Aunque su imponente legado nazarí atrae miradas de todo el mundo, el verano también invita a descubrir sus paisajes más naturales, donde el calor se suaviza y el entorno ofrece un respiro perfecto.

Porque a veces, los rincones menos conocidos son los que guardan las mejores sorpresas. En el Valle de Lecrín, muy cerca de la Alpujarra, el Barranco de la Luna es uno de esos lugares donde la naturaleza despliega su magia. Un estrecho cañón esculpido por el agua durante siglos crea un paisaje que parece sacado de otro mundo. Sus contrastes de luz, las formaciones rocosas que desafían el tiempo y la vegetación que se abre paso entre las paredes del desfiladero convierten esta ruta en una experiencia inmersiva. Entre pozas cristalinas, fósiles incrustados en la piedra y la singular roca con forma de luna, el paseo se convierte en un descubrimiento constante.

Pero si algo define a Andalucía es su capacidad de combinar naturaleza e historia en un mismo viaje. Y es en ese punto donde te ofrecemos el Parador de Granada, donde el legado nazarí y el esplendor renacentista conviven en perfecta armonía y donde poder descansar mientras disfrutas de lo mejor de la ciudad.

El Parador es un refugio donde el pasado y el presente se funden. Sus patios, claustros y detalles mudéjares cuentan historias de poder, arte y evolución, ofreciendo una estancia en la que la historia cobra vida en cada rincón. Desde sus ventanas, la Alhambra se despliega ante la mirada del viajero, recordándonos que hay lugares donde la belleza natural y el peso de la historia se entrelazan de manera magistral.
RESERVA EN EL PARADOR DE GRANADA
Arte romano esculpido en la tierra
En plena llegada del verano, lejos de las playas y el bullicio, hay destinos donde la historia y la naturaleza conviven de manera sorprendente. Uno de ellos es Las Médulas, en El Bierzo, un paisaje capaz de sorprender hasta al viajero más experto.

Lo que hoy son colinas rojizas cubiertas de vegetación exuberante fue, hace casi dos mil años, una de las minas de oro más importantes del Imperio romano. La ingeniosa técnica de extracción utilizada por los romanos modificó el terreno para siempre, dejando un escenario de contrastes que invita a recorrer sus senderos y a asomarse al mirador de Orellán, donde las vistas son simplemente fascinantes.

Igual que el Parador de León, próximo a estos paisajes, un lugar impresionante donde seguir disfrutando de un espacio extraordinario y único, donde arquitectura, arte e historia te envolverán de una manera difícil de superar. Una alternativa perfecta para descubrir lugares con alma este verano.

La cascada que retumba en Salamanca
En la frontera entre Salamanca y Portugal, el Pozo de los Humos es una de esas maravillas que impresionan desde el primer instante. El río Uces se precipita desde 50 metros de altura, generando una cortina de agua y vapor que envuelve el paisaje en un ambiente casi místico. Su estruendo y la fuerza con la que el agua impacta el suelo contrastan con la tranquilidad de los bosques densos que lo rodean, hogar de especies protegidas y senderos que ofrecen panorámicas privilegiadas. No es raro cruzarse con cabras montesas o incluso avistar algún lince, sumergiendo al visitante en la esencia más salvaje de Castilla.

Tras esta inmersión en la naturaleza, nada mejor que sumergirse en el juvenil ambiente de Salamanca, disfrutar de su plaza mayor, sus bares y por supuesto, de su arquitectura. El Parador de Salamanca se erige como el lugar perfecto para alojarse. Desde aquí, el viajero puede recorrer las calles de la ciudad y descubrir algunos de sus rincones más emblemáticos y descansar sin el bullicio habitual del centro.

Para quienes buscan aún más, cerca de la ciudad se encuentran joyas como la Basílica de Santa Teresa en Alba de Tormes y la Sierra de Béjar, perfecta para los amantes del senderismo y la montaña.