El Parador favorito de Miguel Ángel Muñoz
02 de Enero 2026
Texto
Luis Tejedor

Además de interpretar bien, vive con intensidad todo lo que hace. Miguel Ángel Muñoz es inquieto, versátil y emocionalmente generoso. Tras toda una carrera delante de la cámara, sigue interesando en aprender, conectar y mostrarse con verdad. Y también en no perder la sonrisa.

Su último trabajo es Los Futbolísimos 2, la segunda parte de una película que ya fue un exitazo en taquilla. Es de imaginar que se lo pasó muy bien en el rodaje…

Estoy muy contento de haber participado en esta película. La primera fue un éxito y los libros van por la 27.ª edición; es todo un bestseller de literatura infantil. Me puse bajo la dirección de Miguel Ángel Lamata, con quien ya trabajé en Tensión sexual no resuelta. Ha sido contar la historia de un amigo, dirigida por otro amigo y rodeado de amigos: un lujazo muy divertido. Además, han participado niños con una energía buenísima que me han recordado a mis inicios. En cualquier disciplina, cuando la gente se lleva bien y disfruta, es casi imposible que la cosa salga mal. A pesar de que rodamos en verano, con un calor infernal en campos de fútbol de césped artificial, nos reíamos un montón apostando a ver a quién le iba a dar un golpe de calor.

Le hemos visto en todos los géneros y en todos bien. ¿La versatilidad puede ser un arma de doble filo para un actor?

La versatilidad actoral es un regalo y una bendición. También aceptarla. Son muchos años dentro de la profesión y hace tiempo que abracé mi versatilidad para permitirme hacer los proyectos que me apasionaban. Cuando uno abraza sus condiciones y no se pelea con ellas, la vida es más divertida e interesante. Me gusta hacer de todo, en mi profesión y en la vida. He tenido que aprender muchas cosas desde pequeño para ofrecérselas a mis personajes, ya fuera tocar el piano, montar a caballo o manejar una espada. Esa inquietud también me la he llevado a la vida. No sé ser de otra manera.

Y eso le ha llevado a presentar Pekín Express o a ganar MasterChef Celebrity, transmitiendo mucha verdad en ambos casos. ¿Con eso se nace?

Con la verdad se puede nacer, cosa distinta es transmitirla. Empecé a trabajar como actor con diez años y la primera vez que pisé una escuela de interpretación fue con veintidós, el estudio de Juan Carlos Corazza. Ahí aprendí otra manera de trabajar ligada al conocimiento personal, y empecé a hacer terapia, hace ya unos diecisiete años. Eso me ha hecho poder abrazar lo que soy y mostrarlo como es. En televisión puedes disfrutar más cuando eres tú. Tuve la suerte de que fue un refuerzo positivo para la gente, pero no fue algo planificado. He conseguido ser yo, aunque se corra el riesgo de ser tergiversado al ser espontáneo.

Es imposible no emocionarse viendo su documental Cien días con la Tata. A veces, como espectador, es inevitable sentir pudor al verle con su abuela.

Fue un ejercicio de amor muy generoso por parte de mi Tata y por mi parte, a la hora de mostrar nuestra relación, con sus miedos y virtudes. Era importante presentarlo así. Quise ser todo lo honesto que mi corazón me permitía. No puedo avanzar mucho, pero estoy en la posproducción de otro documental dirigido por mí. Es una historia necesaria para mí, y he sentido que era necesario transmitirla a corazón abierto. También llevo tiempo escribiendo una historia de ficción y espero completarla y dirigirla. Los dos trabajos que he hecho como director parten de una necesidad espontánea.

Echando la vista atrás, puede que muchos de los hijos que le vieron en Un paso adelante le vean ahora en Futbolísimos 2.

¡Sin duda! Ya cuando hice UPA Next, la serie de Atresplayer contaba con una nueva generación de actores que ya eran hijos de espectadores de la serie. En Futbolísimos 2, echamos más atrás el target.

¿Cómo le afecta a uno este dato?

Es raro. Me siento –y soy– joven, y todavía el cuerpo me acompaña. Me parece increíble que haya gente que me haya visto trabajar durante treinta años con la edad que tengo.

¿Qué se aprende en la vorágine de un fenómeno como UPA Dance, siendo un chaval como era usted?

En mi caso fue un cúmulo de aprendizajes. Me vino bien haber hecho otras series de éxito como Al salir de clase y Compañeros. En Al salir de clase, tras haber hecho 150 capítulos, vi que la gente ya no me pedía fotos a mí, sino que me pedía que se las hiciera yo a ellos con mis compañeros. Aprendí lo efímero que podía ser aquello y que no significaba tanto como parecía. Tener un entorno adecuado, además, me hizo tener los pies en el suelo.

Se acaba en la paradoja de ser alguien familiar para desconocidos.

Mucha gente te saluda con un cariño tremendo porque los has acompañado durante muchos años. Eso te puede descolocar un poco, pero lo entiendes, incluso en los momentos menos oportunos, en los que intentas empatizar con las ganas que puedan tener de hacerse una foto contigo.

Hablando de viejos conocidos, ¿tiene algún Parador por el que sienta un cariño especial?

Me encantan los Paradores. Suelen estar en sitios estratégicos, con esas edificaciones que tienen tanta historia que contar. Se siente mucha paz y se come estupendamente. Recuerdo especialmente el Parador de Mérida, donde me alojé cuando rodamos Cien días con la Tata. Son mi primera opción en estos viajes a la España interior… ¡y no tan interior!