Porque no todos los veranos son iguales: haz el tuyo inolvidable con estos tres Paradores
27 de Agosto 2025

En un país tan diverso como España, los grandes destinos turísticos suelen acaparar los focos. Pero hay otro tipo de viaje, más íntimo, más auténtico, que se aleja del ruido y se adentra en rincones que sorprenden por su belleza, su historia y su calma. Te proponemos descubrir joyas ocultas desde el confort y el carácter único de los Paradores. Lugares donde el alojamiento no es solo un punto de descanso, sino el inicio de una experiencia diferente.

Desde la fortaleza de Lorca en la Región de Murcia, hasta la profundidad de La Mancha, pasando por la elegancia rural de Castilla, estos Paradores te invitan a explorar lo inesperado. Porque a veces, lo mejor del viaje está donde menos lo esperas.

 

Fortaleza, arqueología y Mediterráneo interior

 

Lorca es una ciudad que sorprende por su carácter monumental y su diversidad paisajística. Situada en el suroeste de la Región de Murcia, su extenso término municipal, el segundo más grande de España, abarca desde las Tierras Altas del norte hasta la costa virgen de Calnegre, pasando por el fértil valle del Guadalentín. Este abanico de escenarios convierte a Lorca en un destino que lo tiene todo: historia, naturaleza, cultura y tranquilidad.

Pasear por su casco urbano es sumergirse en siglos de patrimonio. La ciudad fue declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1964, y no es para menos. La Plaza de España concentra algunos de sus edificios más emblemáticos, como la antigua Colegiata de San Patricio y el Ayuntamiento. Muy cerca, en la Plaza del Caño, se encuentran la Casa del Corregidor y el Pósito, ejemplos del esplendor arquitectónico que se respira en cada rincón. Iglesias, conventos, palacios barrocos y renacentistas impulsan las calles, muchos de ellos reconvertidos en museos que guardan la memoria viva de la ciudad.

La oferta cultural se completa con espacios como el Museo Arqueológico (MUAL), el Palacio de Guevara, el Huerto Ruano, el Centro de Artesanía y el Centro de Visitantes ubicado en el antiguo Convento de la Merced. Además, durante todo el año se organizan visitas guiadas que recorren la muralla medieval, las Tres Plazas y los edificios más representativos del centro histórico.

Para los amantes del aire libre, Lorca ofrece rutas por la Sierra de Almenara y el Parque Regional de Sierra Espuña, ideales para conectar con la naturaleza. Y si lo que se busca es mar, basta con acercarse a Águilas, una localidad costera cercana que presume de más de 30 playas y calas. Desde la familiar Playa de las Delicias hasta la escondida Cala de la Herradura, pasando por la ecológica Playa de la Carolina, cada una tiene su propio encanto. Algunas están equipadas con todos los servicios, otras permanecen casi vírgenes, pero todas comparten el mismo Mediterráneo tranquilo y cristalino que invita al descanso.

Las fiestas también tienen un papel protagonista en la vida lorquina. En septiembre se celebra la feria en honor a la Virgen de las Huertas, patrona de la ciudad, mientras que en noviembre las Fiestas de San Clemente recrean la historia medieval con desfiles de mesnadas cristianas, kábilas musulmanas y aljamas judías, declaradas de Interés Turístico Regional.

 

El Parador

 

En medio de todo este patrimonio, se alza el Parador de Lorca, una joya que combina historia y modernidad. Ubicado en el recinto del Castillo, dentro de la Fortaleza del Sol, el Parador se integra con elegancia en un entorno arqueológico único. Antes de su construcción, se descubrieron restos de una sinagoga del siglo XV, un aljibe islámico y parte de la muralla almohade, que hoy pueden visitarse acompañados por guías en recorridos diurnos, vespertinos o incluso nocturnos.

El Parador, ofrece una experiencia de alojamiento que va más allá del descanso. Su spa y piscina interior invitan a relajarse tras un día intenso de turismo. Pero lo que realmente lo hace especial es su capacidad para conectar al visitante con la esencia de Lorca: una ciudad que se revela poco a poco, en cada piedra, en cada bordado, en cada vista al horizonte.

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Nobleza castellana y paisajes de Arlanza

 

Lerma es uno de esos lugares que parecen haber sido diseñados para detener el tiempo. Situado en lo alto de una colina, en pleno corazón de Castilla, este pueblo burgalés se asoma a la vega del río Arlanza con la elegancia de quien ha sido testigo de siglos de historia. Su silueta, dominada por el imponente Palacio Ducal, hoy convertido en el Parador de Lerma, nos habla del esplendor cortesano del siglo XVII, cuando el Duque de Lerma convirtió esta villa en el epicentro del poder y la arquitectura herreriana.

Caminar por Lerma es sumergirse en un escenario donde la piedra cuenta historias. Su plaza Mayor, una de las más grandes de España, conserva el aire solemne de las grandes fiestas cortesanas, mientras que el Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor, con sus obras de los Carducho y su repostería conventual, añade dulzura al recorrido. Desde el Mirador de los Arcos, la panorámica de la vega del Arlanza se despliega como un cuadro vivo, y en la Plaza de Santa Clara descansan los restos del célebre cura Merino, azote de Napoleón, cuya leyenda aún resuena entre los muros.

La Iglesia Colegial de San Pedro guarda tesoros como el retablo original, la sillería del coro de Juan Gómez de Mora y los órganos de Diego Quijano, mientras que el pasadizo del Duque, que permitía al rey moverse sin pisar la calle, añade un toque de misterio a la visita. Los monasterios y conventos que salpican la villa: Santa Teresa, Santo Domingo, San Blas, Madre de Dios, conservan la sobriedad y el carácter de una época en la que Lerma era símbolo de poder y espiritualidad. Y si uno se deja llevar por las calles del núcleo medieval, como La Paloma o Zorrilla, descubre vestigios de murallas, puentes y ermitas que aún susurran el pasado.

Pero Lerma no es solo historia. Es también paisaje, vino y sabor. La Ruta del Vino del Arlanza invita a descubrir bodegas familiares donde el vino se elabora con mimo y carácter. Las catas guiadas, entre viñedos y barricas, son una experiencia que conecta con la tierra. Y para los amantes de la naturaleza, el Desfiladero de La Yecla ofrece un recorrido entre paredes verticales y pasarelas suspendidas, ideal para sentir la fuerza del entorno sin dificultad.

La escapada se completa con visitas a lugares cercanos que enriquecen la experiencia. En Santo Domingo de Silos, el monasterio y su claustro románico son una joya del arte europeo, y los cantos gregorianos de los monjes envuelven al visitante en una atmósfera única. Covarrubias, a orillas del Arlanza, es uno de los pueblos más bonitos de España, con torreones medievales, plazas con encanto y una arquitectura que enamora a cada paso.

Al final del día, cuando el sol se esconde tras los tejados de Lerma y el aire huele a leña y tradición, nada como sentarse a la mesa en el Parador de Lerma y disfrutar del lechazo asado, los embutidos artesanos y los productos de la tierra.

 

El Parador

 

El Parador de Lerma se aprecia desde varios kilómetros de distancia, destacando por su majestuosidad. El Palacio Ducal, que se alza imponente sobre la villa, combina elegancia y sobriedad, con sus robustos muros de piedra, más de 200 balcones de hierro forjado y cuatro torres rematadas con tejados de pizarra.

Construido en el siglo XVII por el Duque de Lerma sobre los cimientos de un antiguo castillo medieval, este palacio se convirtió en uno de los mayores símbolos de la corte de la época. Fue escenario de una boda real, de un nacimiento real y hasta albergó a Napoleón Bonaparte durante su paso por la región.

Además de su fachada de gran impacto, el claustro y el patio interior del palacio destacan por su belleza. En este mismo espacio, hace más de 500 años, Lope de Vega estrenaba algunas de sus obras. Hoy en día, el visitante puede disfrutar de un descanso bajo la cristalera, rodeado de columnas y arcos de medio punto, mientras toma un café y admira el entorno.

El Parador se encuentra en la plaza Mayor de Lerma, una de las más amplias de España, con casi 7.000 metros cuadrados. La villa también es conocida por su red de conventos y monasterios, como la Colegiata de San Pedro y el Convento de San Blas.

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La Mancha profunda y naturaleza inesperada

 

En el corazón de Castilla-La Mancha, Albacete se revela como una tierra de contrastes, donde la llanura infinita se funde con rincones inesperados de naturaleza viva. Allí, el Parador de Albacete se alza como un refugio perfecto para quienes buscan una escapada rural auténtica, lejos del ruido y cerca de la esencia manchega. Desde su entorno tranquilo, se despliega un paisaje que invita tanto al descanso como a la aventura.

La tradición se respira en cada pueblo, en cada plato, en cada historia contada junto al fuego. La cultura rural se mantiene viva en las costumbres, en la gastronomía que ofrece sabores intensos como el atascaburras o los gazpachos manchegos, y en la hospitalidad de sus gentes. Pero Albacete no es solo memoria; también es movimiento. Las rutas en bicicleta por la llanura permiten descubrir la región a otro ritmo, mientras que los espacios naturales ofrecen oportunidades únicas para la observación de aves y el contacto directo con el entorno.

Muy cerca del Parador, las Lagunas de Ruidera sorprenden como un oasis de agua y vegetación, un lugar donde el silencio se mezcla con el canto de las aves y el murmullo del agua. Más allá, Alcalá del Júcar se presenta como uno de los pueblos más bonitos de España, con sus casas excavadas en la roca y su puente que parece suspendido en el tiempo. Y si el viajero decide acercarse a la capital, el Museo de la Cuchillería le espera con una muestra fascinante de la artesanía que ha dado fama mundial a esta ciudad.

 

El Parador

 

En pleno corazón de la vasta llanura de La Mancha, el Parador de Albacete se presenta como un oasis de tranquilidad. Este encantador alojamiento, inspirado en la arquitectura tradicional manchega, combina la calidez de los suelos de barro cocido, techos de madera noble y pasillos espaciosos con jardines que evocan la serenidad de las antiguas ventas del Siglo de Oro. Es fácil imaginar a Don Quijote encontrando aquí un merecido descanso tras sus aventuras, saboreando un festín de sabores autóctonos en su restaurante y reponiendo fuerzas en habitaciones llenas de luz y carácter castellano.

Durante los meses más cálidos, su piscina se convierte en el rincón perfecto para refrescarse y desconectar del bullicio cotidiano. Ya sea para una escapada romántica, unas vacaciones en familia o simplemente para reconectar contigo mismo, este Parador ofrece una experiencia de descanso y ocio que seduce desde el primer momento.

Ubicado a tan solo tres kilómetros del centro de Albacete, es el punto de partida ideal para explorar los tesoros naturales y culturales de la región. Desde los fértiles valles de los ríos Júcar y Cabriel hasta las majestuosas Sierras de Alcaraz y del Segura, cada rincón de la provincia te invita a descubrir paisajes sorprendentes y tradiciones profundamente arraigadas.

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