Habitaciones de leyenda: el sueño del primer abad
18 de Agosto 2026

En pleno corazón de la Ribeira Sacra y rodeado por bosques de robles y castaños, llegamos al Parador de Santo Estevo, un antiguo monasterio benedictino que conserva intacta la capacidad de invocar al más absoluto silencio. Entre sus claustros de piedra, donde durante siglos convivieron la oración, el estudio y la contemplación, aparecen las estancias que guardan más de una historia. Y ninguna la cuenta mejor que la habitación 210, conocida como la habitación Abad Franquila.

 

La habitación del primer abad

 

Situada en la parte más alta del monasterio, la habitación 210 lleva el nombre de Franquila, el primer abad de Santo Estevo. Fue él quien devolvió la vida al cenobio cuando el rey Ordoño II le encomendó su restauración en el año 921. Aquel impulso marcó el inicio de una etapa de esplendor que convirtió este rincón de la Ribeira Sacra en uno de los grandes centros espirituales del noroeste peninsular.

Hoy, más de un milenio después, la estancia que lleva su nombre sigue siendo la más singular del Parador. Su ubicación privilegiada la convierte en una auténtica atalaya sobre el paisaje de la Ribeira Sacra. Desde sus tres grandes ventanales, la mirada se pierde entre el cañón del Sil y el bosque que rodea el antiguo monasterio, un escenario que cambia de color con cada estación.

La habitación, la más amplia del Parador, dispone de un salón recibidor independiente, un gran dormitorio y un espectacular baño con jacuzzi, concebido para prolongar la sensación de bienestar que envuelve todo el monasterio. Cada detalle invita a disfrutar del descanso, mientras el contraste entre la piedra centenaria del edificio y el diseño contemporáneo de los interiores aporta una personalidad única a la estancia.

La habitación Abad Franquila es mucho más que la mejor estancia del Parador, es un balcón privilegiado desde el que contemplar la Ribeira Sacra. Un lugar donde la historia se asoma por la ventana y el paisaje se convierte en parte de la experiencia de viaje.

 

Un monasterio entre leyendas y naturaleza

 

El encanto del Parador de Santo Estevo va mucho más allá de una habitación. Considerado uno de los conjuntos monásticos más importantes de Galicia, el edificio reúne siglos de historia en un recorrido que atraviesa el románico, el gótico y el Renacimiento. Sus tres claustros, todos diferentes entre sí, reflejan la evolución arquitectónica del monasterio y convierten el paseo por sus galerías en un viaje por casi mil años de historia.

Entre sus muros también pervive una de las leyendas más fascinantes de la Ribeira Sacra, la de los Nueve Santos Obispos, que eligieron este monasterio como lugar de retiro y cuyos anillos episcopales alimentaron durante siglos la devoción de los peregrinos. Una tradición que volvió a cobrar protagonismo cuando, en 2020, aparecieron cuatro de aquellos antiguos anillos ocultos en los relicarios de la iglesia.

Hoy, el antiguo monasterio ha encontrado una nueva forma de seguir acogiendo viajeros. Las antiguas celdas de los monjes son habitaciones luminosas y confortables, las bodegas medievales albergan un spa pensado para el descanso, y el restaurante Dos Abades, ubicado en las antiguas caballerizas, invita a descubrir la gastronomía gallega bajo una impresionante bóveda de piedra.

Pero Santo Estevo también es la mejor puerta de entrada para descubrir la Ribeira Sacra. Desde aquí parten rutas de senderismo entre bosques centenarios, cruceros que navegan por el cañón del Sil y visitas a algunas de las bodegas que cultivan la heroica viticultura de la zona. Un paisaje donde naturaleza, patrimonio y tradición forman un conjunto único.

La habitación Abad Franquila resume mejor que ninguna esa esencia. No solo por sus vistas o por su amplitud, sino porque representa el espíritu de un lugar donde la historia se contempla desde la ventana y el descanso adquiere un significado diferente. Un rincón desde el que descubrir la Ribeira Sacra con la misma serenidad con la que, hace más de mil años, lo hizo el primer abad de Santo Estevo.

RESERVA EN EL PARADOR DE SANTO ESTEVO