En el corazón de la frontera entre Aragón y Navarra, donde el paisaje se funde con la historia, existe un fenómeno tan inesperado como fascinante: las ruinas del antiguo pueblo de Tiermas y su balneario romano emergen de las aguas del embalse de Yesa como un secreto que solo se revela a quienes saben cuándo mirar.
Una historia sumergida
Durante la década de 1960, la construcción del embalse de Yesa transformó radicalmente la vida de cientos de familias. Los pueblos de Ruesta, Escó y Tiermas fueron desalojados y sus casas, calles y templos quedaron bajo el agua. Tiermas, sin embargo, guardaba un tesoro que ni el tiempo ni el agua han logrado borrar: un balneario de origen romano cuyas aguas termales han sido utilizadas desde hace siglos por sus propiedades terapéuticas.

La primera referencia escrita sobre estas aguas data de 1131, cuando ya existía un hospital que atendía a personas con pocos recursos. A lo largo de los siglos, las termas se convirtieron en un centro de bienestar, con baños mineromedicinales y fuentes para beber. Hoy, ese legado resurge brevemente cada año.

Cuando el nivel del embalse desciende por debajo del 29% de su capacidad, algo que suele ocurrir entre septiembre y octubre, al finalizar la temporada de riego, las ruinas de Tiermas vuelven a respirar. En la parte más baja del pueblo, brotan aguas sulfurosas a más de 40 grados, formando balsas naturales donde aún se pueden ver burbujas que revelan su origen subterráneo.

El olor característico, similar al del azufre, anuncia la presencia de estas aguas que durante siglos se han utilizado para tratar afecciones de la piel como psoriasis, dermatitis o acné. Hoy, lejos del lujo de antaño, el balneario ha adquirido un carácter popular y libre: visitantes de todas partes se acercan para disfrutar de un baño termal gratuito en plena naturaleza.
Cómo llegar y cuándo visitar
El acceso a Tiermas no es complicado, aunque requiere algo de aventura. Desde Jaca, por la N-240, o desde Zaragoza, pasando por Sos del Rey Católico, se llega a una zona habilitada para dejar el coche. Desde allí, un camino cortado al tráfico asciende hacia el pueblo abandonado. La ruta, aunque con baches, es transitable a pie.

La mejor época para visitar es a finales de verano y principios de otoño, cuando el embalse está más bajo y las termas quedan al descubierto. No olvides llevar calzado cómodo, bañador, toalla… y ganas de dejarte sorprender.
Alojarse en el Parador de Sos del Rey Católico
Para completar esta escapada única, nada mejor que alojarse en el Parador de Sos del Rey Católico, a pocos kilómetros de Tiermas. Ubicado en una casa solariega aragonesa dentro de una villa medieval amurallada, este Parador ofrece una experiencia de descanso con vistas privilegiadas a las montañas.

Sos del Rey Católico es un destino en sí mismo: calles empedradas, una muralla con siete puertas, un castillo, la Casa de la Villa del siglo XVI, la ermita de Santa Lucía y el barrio alto, antigua judería, conforman un entorno perfecto para los amantes de la historia y el senderismo.
