Son el corazón de la naturaleza. Espacios protegidos donde se conserva el alma de la vida natural. Hombres, animales y plantas en busca del equilibrio perfecto, de la armonía total. Se extiende la primavera sobre parajes excepcionales, por paisajes únicos, tiñe de mil colores la profundidad del bosque, refleja el solsticio en las aguas cristalinas de lagos y cascadas.
Una fiel restauración creó un espacio mágico en el que conviven la estética de los monasterios españoles y las piezas de diseño más contemporáneas. Un convento, una iglesia convertida en restaurante, un espectacular casco histórico, ... Estamos en el Parador de Lleida.

Arcos de la Frontera, Antequera, Ronda o Málaga. Paradas obligadas en la Ruta de los Almorávides y Almohades. Dos dinastías que forjaron grandes imperios en el Norte de África y la Península Ibérica entre los siglos XI y XII. Y una de las sendas más bellas y extensas que brinda el territorio andaluz para recuperar parte de ese legado.

En el centro de la provincia de Málaga y delimitado por las serranías de Ronda y Antequera, se haya el Desfiladero de los Gigantes. Salpicado por una veintena de cavidades, el cañón tiene una impresionante profundidad de más de 300 metros tallada por el paso inexorable del río Guadalhorce. En este suntuoso enclave se encuentra el Caminito del Rey. Una vertiginosa senda aérea de apenas un metro de anchura, construida en las paredes del desfiladero.
Su terraza es un mirador privilegiado para contemplar los magníficos atardeceres de la isla que dejan colores y estampas únicas.
La mezcla de influencias y sabores, las infinitas especias, las almendras y frutas tropicales, junto a las carnes y los quesos desparraman un exótico universo gastronómico.
Cuando una tierra hace tan suyo el fruto de la vid, ese vino lleva en su alma la marca indeleble del paisaje y de sus gentes. No hay otra. Ese es el caso de Aranda que, en el corazón de una denominación de origen tan elogiada como Ribera del Duero, luce durante 2020 el cetro de la Ciudad Europea del Vino (*). Y eso bien merece un brindis.


Parador de Cardona
Lleva siglos vagando por estas estancias.
Allí murió Adalés, cuenta la historia, tras ser recluida por su padre en este cuarto para apartarla del musulmán que la había enamorado. Sola o acompañada de un caballero, atestiguan empleados y huéspedes, la doncella se deja ver y escuchar acrecentando su leyenda.

Parador de Gredos
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