Atravesar el portal del Graells es internarse en un laberinto de calles con gusto medieval que ascienden con pausa hasta el emblema de la localidad: el castillo de Cardona, uno de los Paradores más impresionantes.
Recién abierto tras una inversión de casi tres millones de euros, el Parador de Cardona conserva la esencia románica de la que fue residencia de una de las familias más poderosas de la Corona de Aragón. Recorrer sus estancias, deambular por los pasillos o disfrutar de las vistas que ofrecen sus habitaciones son experiencias inolvidables, más recomendables, si cabe, tras un proyecto de renovación que afecta a la decoración, las cubiertas y la carpintería exterior, y mejora la conservación del edificio, el aislamiento térmico y la reducción del gasto de energía.

Las actuaciones se suman a las llevadas a cabo por Turespaña con fondos europeos, centradas en la restauración, limpieza y rehabilitación de diferentes elementos del castillo, así como en la iluminación monumental de esta joya defensiva catalana.

A su lado, la Colegiata de San Vicente, precedida por un atrio porticado que conserva pinturas murales de hace mil años es una de las obras maestras del primer románico catalán. Defendida por los baluartes de Sant Pere y Sant Nicolau, domina el paisaje y su cimborrio compite en altura con la Torre Minyona, a pesar de que esta fue desmochada en 1812, en plena guerra de la Independencia, cuando Cataluña era, de facto, parte del imperio francés.

Atalaya privilegiada, desde allí se divisa otro de los puntos más destacados de la localidad, la montaña de sal, un depósito salino explotado desde el Neolítico y motor económico de la localidad a lo largo de la historia.

Galerías a más de ochenta metros de profundidad, estalactitas que parecen carámbanos y herramientas cubiertas de sal de cuando la mina estaba activa fascinan a cuantos curiosos se atrevan a adentrarse en sus entrañas. Para completar la visita, a los pies del castillo se encuentra el Museo de la Sal, imprescindible para comprender la importancia que el mineral ha tenido en Cardona a lo largo del tiempo.

La cocina tradicional catalana, en especial la gastronomía de la comarca barcelonesa del Bagés, es la base de la oferta de restauración del Parador de Cardona. Una cocina elaborada con productos de temporada y de proximidad como setas, embutidos, tomate, berenjena, bacalao, caracoles, carne de cordero y de cerdo o el pato y sus derivados.

En su impresionante comedor medieval se pueden degustar texturas variadas de bacalao con brandada, escudella, surtidos de embutidos típicos catalanes con pan de coca de vidre y tomate de «penjar», verduras escalivadas, suquet de mariscos con bogavante, merluza, rape, langostinos y almejas.
Silencio, se rueda
En 1965, la quietud serena de la Colegiata de San Vicente se vio interrumpida por la llegada de uno de los grandes cineastas estadounidenses: Orson Welles. Como un tornado, el prolífico director revolucionó la vida de una localidad donde no había whiskey hasta su llegada y la convirtió en el escenario de Campanadas a medianoche. Estrenada en el festival de Cannes, se alzó con el premio técnico. La historia transcurre entre los arcos del claustro gótico, el castillo y las naves románicas de la colegiata, lo que propició que esta última, en 2016, fuera reconocida como Tesoro de la Cultura Cinematográfica Europea por la Academia de Cine Europeo.
La leyenda de la torre Minyona

Cuenta la leyenda que en el castillo de Cardona vivía el duque de la localidad con su hija Adalés. Cansado de guerras y al encuentro de una alianza segura, invitó a la fortaleza al príncipe musulmán Abdalá que, paseando por los jardines, se encontró con Adalés. A aquel primer encuentro siguieron otros. Convertidos ya en amantes, se juraron amor eterno. Cuando el duque se enteró, declaró la guerra a los musulmanes y encerró a Adalés en lo alto de la torre. Abdalá intentó liberarla, pero solo encontró la muerte a manos de los soldados del duque. Ella, rota de pena, acabó muriendo en la torre, conocida desde entonces como de la «minyona» o doncella en catalán.