En Paradores, hay habitaciones que cuentan historias, y en el Parador de Zafra, la Suite 314 es una de ellas. Conocida como la habitación dorada, abrir su puerta es adentrarse en un espacio donde la memoria del palacio sigue viva y cada detalle guarda un fragmento de su pasado.
Un palacio con siglos de historia
El Parador de Zafra ocupa el antiguo palacio de los Duques de Feria, un edificio que resume, en sí mismo, buena parte de la historia de la ciudad. Su origen se remonta a una fortaleza islámica que, tras distintos episodios de conquista y reconquista, acabó en manos cristianas en el siglo XIII. Con el paso del tiempo, y especialmente a partir del siglo XV, los señores de Feria eligieron Zafra como centro de su señorío y transformaron aquel alcázar en su residencia.

La evolución del edificio refleja ese cambio de estructura defensiva a palacio señorial, sin perder nunca del todo su carácter de fortaleza. Sus nueve torres almenadas, con la imponente torre del homenaje como protagonista, siguen marcando el perfil exterior. En el interior, sin embargo, el refinamiento se hace evidente en patios de mármol, galerías abiertas al jardín y artesonados gótico-mudéjares que hablan de la riqueza y el poder de la familia.

A lo largo de los siglos, el edificio vivió múltiples etapas. Tras dejar de ser residencia nobiliaria, fue hospital, escuela e incluso refugio para personas sin recursos. Desde el 15 de octubre de 1968, convertido en Parador, inició una nueva vida en la que patrimonio e historia se abren al viajero.
La habitación dorada: la Suite 314
Entre todas sus estancias, hay una que concentra de forma especial ese legado: la Suite 314, conocida como la habitación dorada. No es solo una habitación, sino una experiencia que conecta directamente con el pasado del edificio.

Esta estancia fue construida en el siglo XVI por la segunda Condesa de Feria, Doña Constanza Osorio. Conserva un magnífico artesonado en el techo totalmente original del siglo XVI, ribeteado con los escudos de los primeros Señores de Feria y los primeros Duques de feria, como indicadores de las épocas más gloriosas de la ciudad y del palacio. Está dividido en casetones y en cada casetón aparece una especie de rocalla dorada donde se alternan los escudos nobiliarios: las cinco hojas de higuera de los Suarez de Figueroa y las estrellas y los lobos de Constanza Osorio. Esta estancia fue diseñada como despacho del duque.

La habitación combina ese carácter histórico con el confort actual. La amplitud, la cama de grandes dimensiones con cabeceros de madera tallado… Cuenta la historia que aquí se reunió con Hernán Cortés antes de que el descubridor partiera hacia el Nuevo Mundo. Pero uno de sus mayores atractivos se descubre al atravesar el cuarto de baño… una gran terraza privada se abre al exterior cuyo ventanal posee una de las grandes rejas más características de la época (siglo XV) ya que está sellada sin remaches, a golpe de fuego y martillo.

Desde allí, la vista se despliega sobre la Plaza de la Constitución y el conjunto de Zafra. Esta terraza ofrece unas vistas espectaculares de la Iglesia de la Candelaria y de la Sierra del Castellar, situada al oeste de la ciudad de Zafra y dominada por un impresionante macizo rocoso.
Una estancia para vivir la historia
Hoy, el Parador de Zafra es un destino pensado para desconectar y sumergirse en la historia sin renunciar a la comodidad. Sus espacios combinan elementos originales con servicios actuales que hacen de cada estancia una experiencia completa.

Pasear por sus almenas permite contemplar la ciudad desde una perspectiva única, mientras que la capilla del siglo XV, con su cúpula gótico-mudéjar decorada en pan de oro, es una de esas joyas que sorprenden al visitante. A ello se suman jardines, piscina exterior y rincones tranquilos donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo.
Alojarse aquí es, en cierto modo, formar parte de su historia. Dormir en estancias como la Suite 314 permite imaginar la vida palaciega de otros siglos, pero con todas las comodidades del presente. Zafra, su entorno y este Parador invitan a una escapada en la que patrimonio, paisaje y descanso se unen de forma natural.