Llegaron las Navidades del año 2007.
Para pasar estas fechas tan especiales, solemos disfrutar de alguna estancia en los distintos Paradores repartidos por toda la geografía española.
En esta ocasión nos decidimos por el Parador de la Granja, éste consta de dos edificios, "La Casa de Infantes" y "El Cuartel de Guardia de Corps". En el primer inmueble se encuentran, las habitaciones, restaurantes, salones, piscinas, zonas deportivas y el spa. En el segundo edificio situado a pocos metros, se ubica un moderno Centro de Convenciones.
De nuevo estuvimos atendidos de forma magistral por el Director Juan Serrapio, nos alojamos en la habitación nº. 80, todo un lujo, sin faltar el más mínimo detalle en ninguna de las dependencias que componen esta magnífica suite; empezando por el recibidor escultóricamente decorado, un salón inmenso con una televisión acorde con el tamaño de la sala y un carro-camarera repleto de bebidas, después pasamos al dormitorio, instalado de una forma distinta a lo convencional en el centro de la habitación, completándose con un armonioso vestidor y un cómodo cheslong, terminando en un completo cuarto de baño que incorpora una amplia ducha hidromasaje. Total una estancia de reyes.
La cena de Nochevieja, la sirvieron en el impresionante salón central del edificio de la "Guardia de Corps". Nos recibieron en una sala habilitada en la primera planta, ofreciéndonos un exquisito cocktail, compuesto por jamón ibérico de bellota recién cortado sobre tostadas de pan con tomate, caviar beluga y bombón de foie. A continuación bajamos al comedor principal, montado y decorado de forma especial para esta celebración. Comenzamos la cena, con ensalada de bogavante azul aliñada con vinagreta, seguimos con taco de rape en albarda de tocino ibérico, para cambiar sabores un sorbete de té verde, proseguimos con un solomillo de ternera rosada; terminando con esponjoso de chocolate y almendras tostadas acompañado con helado de fresas; todas estas delicatesen regadas con vino blanco Rueda y reserva tinto Rioja. Continuamos con dulces navideños y las esperadas uvas de la suerte, brindando con cava por el Nuevo Año. Después de estos momentos tan emotivos, todos los camareros y cocineros situados en el piso superior, alrededor de la barandilla que rodea el salón, aplaudiendo nos felicitaron el Año, resultando este acto muy emocionante.
Para terminar esta inigualable velada, nos obsequiaron un divertido cotillón, continuando hasta altas horas de la madrugada acompañados de dos magníficas orquestas. El día de Año Nuevo teníamos preparado un completo brunch, como colofón de este inolvidable Fin de Año, celebrado en Paradores.

Félix Ángel Vida