Hay un momento que se repite en casi cualquier visita a Monforte de Lemos, porque, quien llega a la ciudad suele comenzar paseando junto al río Cabe, entreteniéndose en cruzar el Puente Viejo o recorriendo sin rumbo las calles del casco histórico. Pero, tarde o temprano, tu mirada se va a dirigir hacia lo alto. Allí, sobre el monte de San Vicente, el perfil de la Torre del Homenaje y del antiguo monasterio que dominan la ciudad desde hace siglos, harán muy difícil resistirse a subir.
Y es que Monforte de Lemos es un destino para disfrutar. La mejor forma de descubrirlo es caminando, cruzando el río una y otra vez, deteniéndose en las plazas, asomándose a los rincones con más encanto o haciendo una pausa para saborear un vino de la Ribeira Sacra. Como hemos dicho antes, poco a poco, el recorrido te conducirá hasta el monte de San Vicente, el lugar donde nació Monforte y desde el que se comprende la historia de la ciudad y el paisaje que la rodea.
Capital de la Ribeira Sacra y única ciudad de esta comarca gallega, Monforte es un magnífico destino para una escapada de fin de semana. Su patrimonio monumental, su rica tradición gastronómica y su privilegiada ubicación la convierten, además, en el punto de partida perfecto para descubrir los cañones del Sil, los viñedos de viticultura heroica y algunos de los monasterios que dan nombre a uno de los territorios más singulares de Galicia.
El río marca el comienzo del viaje
No hace falta seguir un itinerario cerrado para descubrir Monforte. Basta con dejarse llevar por el curso del río Cabe, que atraviesa la ciudad y marca el ritmo de la vida cotidiana.
El paseo junto al río es una de las mejores formas de comenzar la visita. A un lado aparecen jardines y terrazas, al otro, las fachadas de casas señoriales recuerdan la importancia histórica de la ciudad. El recorrido conduce hasta la Ponte Vella, el Puente Viejo, una construcción del siglo XVI levantada sobre los restos de un puente anterior que sigue siendo uno de los lugares más fotografiados de Monforte. Desde aquí merece la pena detenerse unos minutos y observar el reflejo del monte de San Vicente sobre el agua ya que ofrece una de las imágenes más reconocibles de la ciudad.

Antes de emprender la subida, pasea por el casco histórico, donde sus calles conservan el trazado medieval y recuerdan el pasado comercial de Monforte. En este barrio también se encontraba la antigua judería, una de las comunidades hebreas más importantes de la Galicia medieval, cuya huella aún puede descubrirse entre estrechas callejuelas y pequeñas plazas llenas de encanto.
El monte de San Vicente: donde nació Monforte y donde hoy duerme su historia
Desde cualquier punto de la ciudad hay una silueta que acompaña al visitante, la del monte de San Vicente. Es el lugar al que, casi sin proponérselo, terminan llegando todos los caminos.
Aquí nació Monforte. Durante siglos, esta colina fue el centro político, militar y religioso del valle de Lemos. La fortaleza de los Condes de Lemos, las murallas y el monasterio benedictino formaban un conjunto defensivo que dominaba el territorio y convirtió la ciudad en uno de los enclaves más influyentes de la Galicia medieval.

Hoy, recorrer este recinto monumental permite viajar por más de mil años de historia. La Torre del Homenaje, con cerca de treinta metros de altura, continúa vigilando el valle igual que lo hizo en la Edad Media y ofrece una de las panorámicas más espectaculares de la Ribeira Sacra. Desde lo alto se entiende por qué este lugar fue elegido para levantar la ciudad y cómo el río Cabe ha modelado el paisaje que se extiende a sus pies.
Compartiendo este espacio monumental se encuentran el antiguo monasterio benedictino de San Vicente do Pino y el Palacio de los Condes de Lemos. Ambos edificios forman hoy el Parador de Monforte de Lemos, uno de esos lugares donde el patrimonio deja de ser únicamente un escenario para convertirse en parte de la experiencia del viaje.

Alojarse aquí es hacerlo entre muros que llevan más de mil años contemplando el devenir de la ciudad. El claustro neoclásico, las antiguas dependencias monásticas, los espacios históricos cuidadosamente restaurados y las vistas abiertas sobre el valle convierten la estancia en una prolongación natural de la visita. No se trata solo de dormir en un edificio histórico, sino de formar parte, aunque sea por una noche, de la historia de Monforte.
Cuando cae la tarde, el silencio que envuelve el conjunto monumental transforma por completo la experiencia. Los visitantes regresan al centro de la ciudad, las murallas recuperan la calma y el monte vuelve a parecer el mismo lugar desde el que, hace siglos, los monjes contemplaban el valle de Lemos.
Cuando la ciudad se sienta a la mesa
Después de recorrer el monte de San Vicente, merece la pena volver al centro para seguir descubriendo otra de las grandes riquezas de Monforte.
A pocos minutos se alza el Colegio de Nuestra Señora de la Antigua, conocido como el Escorial gallego. Su imponente arquitectura renacentista sorprende tanto por sus dimensiones como por el patrimonio artístico que alberga en su interior, con una interesante colección de pintura donde destacan obras de El Greco y Andrea del Sarto.

La siguiente parada puede ser el Centro do Viño da Ribeira Sacra, un espacio que ayuda a comprender la estrecha relación entre Monforte y el territorio que la rodea. Aquí es posible descubrir cómo la viticultura heroica ha modelado durante siglos las escarpadas laderas del Sil y del Miño y por qué los vinos de esta denominación de origen se han convertido en uno de los grandes atractivos de la comarca.
Y como no hay mejor manera de conocer un destino que sentándose a la mesa, la jornada puede terminar degustando la cocina tradicional gallega acompañada por alguno de los excelentes vinos de la Ribeira Sacra. Carnes, empanadas, pulpo, quesos y productos de temporada forman parte de una gastronomía tan auténtica como el paisaje que la inspira.
Un domingo para descubrir la Ribeira Sacra
Monforte de Lemos también es el mejor punto de partida para adentrarse en la Ribeira Sacra.
Desde la ciudad se llega fácilmente a algunos de los miradores más espectaculares sobre los cañones del Sil, donde el río serpentea entre paredes de granito cubiertas por viñedos imposibles. Una forma diferente de descubrir este paisaje es embarcarse en un catamarán y contemplar desde el agua las laderas donde se practica desde hace siglos la conocida como viticultura heroica.

Quienes prefieran un recorrido cultural encontrarán en los monasterios románicos otra de las grandes joyas de la comarca. Santa Cristina, Santo Estevo o Ferreira de Pantón son solo algunos ejemplos de un patrimonio que explica el origen del nombre de la Ribeira Sacra y convierte cualquier excursión en un viaje entre naturaleza e historia.
Una escapada para volver
Monforte de Lemos es uno de esos destinos donde la suma de pequeños momentos hace del viaje una experiencia inolvidable y muy recomendable.

El paseo junto al río, las calles del casco histórico, la subida hasta el monte de San Vicente, la tranquilidad del Parador, una copa de vino al caer la tarde o los paisajes infinitos de la Ribeira Sacra forman parte de una misma experiencia.
Quizá por eso, antes de marcharte, merece la pena volver la vista una última vez hacia el monte de San Vicente. Allí comenzó la historia de Monforte. Y es muy posible que también empiece el deseo de regresar.