Puede que San Patricio no naciera en España, pero si algo sabemos hacer aquí es apropiarnos de las buenas tradiciones y mejorarlas con sol, gastronomía y terrazas inolvidables. El 17 de marzo el mundo se tiñe de verde. En Dublín celebran con desfiles y música, nosotros lo celebramos como mejor sabemos, al aire libre, con una buena cerveza, o un gran vino, algo delicioso sobre la mesa y un escenario espectacular. Porque si hay algo que encaja perfectamente con San Patricio es la cultura de la terraza. Y en eso, los Paradores juegan otra liga. Aquí no hablamos de cualquier mesa al sol.

En un mundo que nos empuja a la inmediatez, detenerse se ha convertido en un acto revolucionario. Encontrar tiempo, y que ese tiempo sea de calidad, es hoy una necesidad profunda. El yoga, más que una disciplina física, propone precisamente eso: volver al cuerpo, a la respiración y al instante presente.

El liderazgo no entiende de género, pero sí de oportunidades, vocación y confianza. En la red de Paradores somos conscientes del camino que queda por recorrer hacia la igualdad plena, pero también queremos celebrar los avances ya conseguidos: hoy, un tercio de los establecimientos están dirigidos por mujeres. Algunas lideran un único Parador, otras asumen la responsabilidad de dos. Algunas comenzaron en la recepción, otras en prácticas, otras llegaron por casualidad y se quedaron por convicción.

Cada 8 de marzo celebramos el talento, la dedicación y la pasión de las mujeres que, con su trabajo diario, transforman la gastronomía en una experiencia memorable. En la red de Paradores, la cocina es mucho más que una propuesta culinaria y es que detrás de muchos de esos platos que conquistan al comensal hay mujeres que lideran, crean y cuidan cada detalle. Una labor que, además, se impulsa desde la propia dirección gastronómica, liderada por una mujer: Rosa Díaz.

Hay gestos que atraviesan generaciones. Manos que cultivan, cuidan, hilan, guían rebaños o recolectan miel siguiendo ritmos que no entienden de prisas. Durante siglos, muchas de estas actividades esenciales para la vida rural han estado ligadas a las mujeres, guardianas silenciosas de saberes transmitidos de madres a hijas.

En España, basta con seguir el sonido de las campanas, el murmullo del agua o el bullicio de una terraza para acabar, casi sin querer, en una plaza. Porque en nuestro país las plazas son escenarios de historia, de encuentros, de celebraciones y de vida cotidiana. Las hay medievales y barrocas, renacentistas, solemnes y bohemias. Y todas, absolutamente todas, tienen algo que las hace especiales.

Si preguntas qué hacer en Santiago de Compostela, más allá de visitar su Catedral, muchos coincidirán en lo mismo: camínala despacio, escúchala y siéntela. Porque esta es una ciudad hecha de llegadas, la de los peregrinos tras cientos de kilómetros, la de los viajeros que buscan historia y la de quienes necesitan, aunque solo sea durante un fin de semana, detener el tiempo.

La serie española Cuéntame cómo pasó forma parte de la memoria de varias generaciones y, 25 años después de su estreno, sigue despertando emoción, nostalgia y reconocimiento. Con motivo de este aniversario, Alcalá de Henares, Ciudad Patrimonio de la Humanidad, ha presentado la Ruta Cuéntame Alcalá, un nuevo itinerario turístico y cultural que invita a recorrer los escenarios reales donde la mítica serie de RTVE cobró vida.

Viajar no es solo desplazarse, hay quienes planifican una escapada alrededor de una mesa bien servida, quienes necesitan perderse por calles históricas, quienes buscan silencio absoluto o quienes no conciben un viaje sin un amplio reportaje de fotos. Porque no todos viajamos igual, en Paradores hay un destino pensado para cada tipo de viajero. Aquí va una selección de Paradores para acertar… sea cual sea tu forma de viajar.

 

Viajeros que empiezan el viaje por el paladar

 

Libros y lugares a veces se encuentran de forma natural, como si compartieran la misma historia. El Capitán Alatriste y el Parador de Úbeda son uno de esos encuentros. La novela de Pérez-Reverte, profundamente ligada al imaginario del Siglo de Oro, encuentra en este palacio renacentista (escenario real de la adaptación cinematográfica) el marco perfecto. Y es fácil imaginar que, si Don Diego Alatriste hubiera buscado un lugar para hacer una pausa entre duelo y duelo, habría sido aquí, en el patio del Parador de Úbeda, con su silencio elegante y su aire de otra época.