Una estancia generalmente agradable, el parador tiene atmósfera propia. En particular, me gustaron mucho los sillones en los pasillos.
Decepcionada del restaurante. La comida nada impresionante. Poca atención en el servicio. Una noche no nos hicieron ni caso. Los camareros pasaban al lado y nadie traía ni la carta, ni nada. Sirvieron antes a muchos clientes que llegaron después de nosotros.
Los paradores pretenden ofrecer alta cocina en sus restaurantes. De los cuatro paradores que he visitado, la calidad y el sabor de la comida me impresionó solo en Salamanca.