Tan extraordinario y acogedor como siempre. Impresionantes vistas al Guadiana. En la carta encontramos platos y productos locales de temporada: albóndigas de choco, ensaladas, fresas, etc. Lugar ideal para desconectar y cargar pilas.
El almuerzo del día 1de junio fue nefasto y es la primera vez que nos ocurre en un parador. Pedimos entrantes para compartir y este fue el resultado: croquetas de centollo, comestibles pero simples. Mejillones al vapor, tan cocidos que estaban secos, se quedaron enteros. Empanada gallega, rellena de? Yo diría de cebolla y además fría. Se quedó entera. Y por último pulpa a feria, quizás lo mejor aunque escaso y mal presentado. La idea ere probar el pescado pero nos dio miedo. Nos fuimos sin postre y con la sensación de que daba lo mismo, nadie nos preguntó el motivo de devolver los platos.
En definitiva no está a la altura de la cadena.