El parador es muy bonito, pero lo mejor es su personal: gente muy amable, súper atent@s y con simpatía. No me gustó encontrarme demasiadas zonas en obras, pero disfruté mucho mi estancia, aunque fuese corta.
Por delante va la felicitación al director y toda la plantilla del parador que se esfuerzan para programar actividades y hacernos sentir unas jornadas inolvidables. La amabilidad y el buen hacer se unen a las excelentes instalaciones y a la sensación de lugar histórico. Cinco estrellas.
Aunque hace ya muchos años que dejó de ser monasterio y de observarse la regla del silencio, lo cierto es que en Paradores buscamos el relax de la conversación pausada. Roto en este caso - al final me llamarán el maniático del silencio- por un grupo de "montañeros" extranjeros que con sus risas desaforadas y su conversación vocinglera molestó en grado sumo al resto de los usuarios del comedor. Estas personas imitan el vocinglerío patrio y hacen en nuestro país lo que no les dejan hacer en el suyo. ¿Cómo se podría arreglar el incivismo? Por favor, algo se podrá hacer.