Era nuestra segunda visita, hace unos años. El tiempo no perdona, nuestra habitación, superior, no parecía tanto, buen tamaño pero no muy acogedora a faltaba mobiliario o sobraba espacio. Sillón, sofá y sillas no podían tener su fondo más hundido. Comimos muy bien, aceptable cena de cafetería y buen desayuno. Singular edificio cargado de arte y con muchos rincones dignos de ver y “saborear”.