Entre el mar y la albufera, un entorno natural para desconectar, tanto si eres aficionado al golf como si no le has dado al palo en tu vida. Las habitaciones, cuidadas hasta el mínimo detalle, el desayuno, exquisito, y la atención del personal, a la altura del mejor de los lujos.
Como siempre idílico el sitio es precioso. Es de los Paradores que son muy antiguos, pero en este caso es muy coqueto, tiene muy pocas habitaciones, pero está muy bien.
Quizás modernizar algo las habitaciones.