Bonito convento convertido en parador.
Habitación estandar cómoda y confortable, decorada con estilo medieval.
Zonas comunes amplias, acogedoras y haciendo que el huesped retroceda siglos atrás. Cafetería y restaurante ubicados en el otro parador, situado en la plaza mayor y también digno de ver.
Una pena que no pudimos visitar el convento, ya que no pertenece al parador y estaba cerrado.
Comida con una tarjeta de mesa para dos. La atención de Sara y Andrea muy buena en todo momento atentas y muy amables.
La comida muy buena en su presentación y la calidad de sus productos.
Hoy un poco ruidoso el comedor por un grupo de personas cerca de nuestra mesa.