Toda una agradable experiencia alojarse en esta antigua fortaleza, muy sobria por fuera pero estupendamente acondicionada por dentro.
Nos alojamos en una habitación de la tercera planta con vistas a la desembocadura del Bidasoa y a Hendaya.
Habitación amplia y cómoda, con buenos colchones que se agradecen. El baño está totalmente equipado, aunque ojo con el grifo de diseño del lavabo. Si no se tiene cuidado es fácil que se salga el agua.
No tuvimos ningún problema de ruidos por el pasillo o en otras habitaciones.
El desayuno es muy completo, en un salón que da al patio interior.
La cafetería, algo pequeña, pero muy bien decorada e integrada en la fortaleza.
No perderse visitar el comedor oficial y el salón de tapices.
El personal es muy agradable y competente.
Para mi es un Parador con encanto, ya que el edificio es una casona noble tradicional de la zona, que ha sido adaptada para el uso turístico respetando sus señas de identidad. Ha sido renovado hace unos años, especialmente el mobiliario y la decoración para hacerlo un poco más contemporáneo.
No obstante, los colchones y las almohadas dejan que desear, y en mi caso la experiencia de sueño me hizo echar de menos lo de mi casa.
Como era de esperar, la carta del restaurante contiene paltos regionales, y al medio día ofrecían fuera de carta un plato del día.
Muy poco sitio en cafetería. Incómodo, una lastima salones como la capilla y salón de chimenea sin aprovechar. Hemos tenido que estar de pie en la cafetería por falta de sitio.