Cómo es habitual en Paradores, trato exquisito y vistas maravillosas. Durante la noche nos acompañaba el mar que debido a la falta de contaminación lumínica podíamos oír, pero no ver. Por la mañana ya con vistas al mar y al majestuoso Teide. Una maravilla.
Un pequeño gran Parador, que conserva todo el encanto de sus varios siglos de historia. La decoración navideña, preciosa. La habitación, con vistas espectaculares a la Plaza Mayor maravillosamente iluminada.