Nos encanta el Parador de Lleida, antiguo convento.
El comedor es precioso, esos techos tan altos...te puedes imaginar el altar mayor..y el claustro convertido ahora en un lugar de tranquilidad para leer , tomar algo o simplemente hablar un poco con sus sofas y mesas centrales.
Las habitaciones amplias y cómodas.
Comida excelente.
Todos muy amables.
Un mínimo " pero" sería que se espera demasiado entre plato y plato en el servicio de cenas.