Aún está por ver alguna observación negativa sobre algún parador. La confortabilidad, y sobre todo la amabilidad y efectividad del personal se repiten con cada uno de los paradores que visitamos. Es el caso de Albacete. Espacios amplios y agradables, buen ambiente. Una única pega de la que no es responsable el establecimiento y que sucede en casi todos los lugares: En la cafetería tuvimos que cambiar de lugar para no soportar los gritos de una niña con uso de razón cuyos padres reían las gracias. Eso y la naturaleza vocinglera de los españoles hace que a veces uno de las características del establecimiento se pierda: el relax. la tranquilidad. Sé que es muy difícil, pero debería pensarse la forma más suave de impedir que los irrespetuosos campen a sus anchas. Tal vez con carteles frecuentes que adviertan, con mensajes en los documentos y papeles, ... La imaginación al poder con tal de conseguirlo.
Nuestra estancia en el Parador ha sido del todo satisfactoria. Destacar la amabilidad del personal, las vistas de las estancias y la habitación y la variedad gastronomica ofrecida.
Me ha parecido un lugar impresionante, por su ubicación y por su estado de conservación, y por su servicio excelente, por poner una pega las habitaciones olían un poco a cerrado y ha WC, las habitaciones eran las 709,710, 711, y 713 , por lo demás genial.
Precioso lugar y maravillosa toda la historia que tiene, así como toda la historia que ha habido dentro de este parador. Nos hemos alojado en una junior suites con vistas a la plaza San Marcos y la definimos como la mejor de las habitaciones que hemos visto jamás, por su amplitud, su encanto y su confort. El personal del hotel un 10 y el desayuno maravilloso.