Nos ha encantado su ubicación junto al monasterio de la misma, instalaciones bien conservadas, con bonita decoración clasica, con muchas cosas relacionadas con la historia local. El trato del personal en general es excelente. Especialmente en el restaurante durante las cenas y en recepción, nuestra mención especial para JOEL, por su gran profesionalidad y su trato tan agradable y su capacidad de resolución. La carta del restaurante variada, con platos muy bien elaborados, y de cantidad generosa. El desayuno, muy variado productos embutidos, frutas, zumos, bolleria, cafe hecho en el momento y servido a la mesa, muy bueno, el zumo natural necesita mejorar, es muy acido. Su piscina exterior, ubicada en jardines muy bonitos ofrecen un agradable paseo. En su interior un patio adornado con fuentes, naranjos y limoneros, una pena que ahora se encuentre en restauración. La habitación muy amplia, con unas vistas increibles de los jardines y Monasterio, la pega hay que andar por los recovecos del hotel hasta llegar. la visita teatralizada, de pago es interesante a la par que entretenida.