Excepcional edificio, bien complementado con una parte moderna. Es esta parte las habitaciones son ampliadas y cálidas. Buenas camas. Sin desmerecer el servicio, desde recepcionistas hasta restauración, atentos y procurando que nada falte pero sin molestar. El edicto antiguo, una abadía benedictina rebosa arte por todos sus poros, hay que dedicarle un tiempo sin apurar. Existe una visita teatralizada realizada por un monje de entones.
El lugar es espectacular y el trato del personal muy bueno. Mala insonorización de las habitación 116 con la habitación 115, al coincidir la cabecera de la cama con el cuarto de baño de la 115.
Tan sólo estuvimos una noche y ha sido una experiencia inolvidable, la habitación muy bien y con unas vistas maravillosas, el personal de 10 y el desayuno buffet muy bueno.
Repetiremos.