Solo fuimos a comer.
El metre fue muy amable y nos encantó su conversación sobre las posibilidades de la zona, de hecho, pensamos volver en primavera para disfrutar de alguna de las rutas que nos dijo. Lamento no recordar el nombre, pero es la persona que hace las esculturas de las colegiatas en miniatura.
También nos gustaron mucho las distintas salas que disponía el parador para estar, lectura, juegos, etc. nos parecieron muy acogedoras.