Al parador de La granja llegas recorriendo un camino lleno de historia y rodeado de plena naturaleza. Entras en territorio granjeño y el estrecho paso de la puerta y el camino adoquinado ralentiza el paso de nuestro “moderno caballo” y te obliga a fijarte en la espectacularidad del palacio que da la bienvenida. Giras dos calles y ya estás en casa. Entras en recepción y dos sonrisas te dan la bienvenida. Esta vez no hago noche, “sólo” voy a comer.
En el ascensor, cuatro personas en albornoz (van al spa) me hace pensar en una comunidad de vecinos con piscina, y es que eso es paradores. La combinación de sentirte en casa, pero con todo hecho, como un auténtico rey.
La comida, a la altura de la profesionalidad, cercanía y simpatía del personal que hace que Paradores sea lo que es: Excelencia.
Muchas gracias por esta increíble estancia.
El trato recibido es excelente, la ubicación es perfecta, el Parador esta bien integrado y se respira un ambiente agradable y tranquilo